No hay nada más gratificante que incorporarte a esas moles de cemento y asfalto llamadas autovÃas/autopista, diseñadas para desplazamientos rápidos, y a los pocos kilómetros encontrarte con una cantidad de coches desorbitada (los números nunca dan idea de la cantidad de coches que pueden existir en una ciudad), situados unos delante de otros, con las luces de freno encendidas y echando humo por los tubos de escape.
Que te ocurra esto mañana tras mañana y tarde tras tarde puede llegar a ocasionar que un ente biológico cualquiera desespere a la manera de la pelÃcula “Un dÃa de furia“. Pero la excepción confirma la regla (aunque son muchas excepciones), y yo y cualquiera que pasa por estos constantes trances nos colmamos de paciencia y pasamos el rato lo mejor que podemos.
Curiosamente, en estas autovÃas, las caravanas son siempre en ambos sentidos. Será por la curiosidad humana (y esto me lo arreglaba inhumanizándome) o por cualquier otra cosa, pero cuando me encuentro que la caravana que me toca resulta ser la que se dedica a mirar complacida la ostia dada por los coches de los carriles contrarios….. me relajo aún más o simplemente le meto un cate al display de la radio del coche y ya tengo excusa para comprar otra.
Y asà se han de pasar la horas, que no minutos…
¿Te gusta conducir?
Cosas como estas deberÃas hacer antes de meterte en esa caravana que te espera.

